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Otro mexicano en el Barcelona: Ryuken Nishizawa


Ciudad de México.- En los campos del Barcelona, en mayo de 2010, rodeado de algunos grupos formados por chicos de su edad, Ryuken Nishizawa (Cancún, 1999) jugaba a esquivar conos con la pelota. Lo seguían de cerca Albert Benaiges, Carlos Bueno, Ramón Estevez y algunos otros técnicos de las fuerzas inferiores del club que, como en un concierto de jazz, atendían cada signatura como espectadores de primera fila.
Ryuken había solicitado probarse para entrar a la comparsa blaugrana y al final, entre los 400 invitados a seleccionar, superó un par de filtros y terminó quedándose. "Yo no sabía que me habían elegido", relata el diestro futbolista, de abuelos japoneses y chinos. "Nos entregaron un papel y, como no sabía catalán, le pregunté a un amigo que era de aquí para que me tradujera. Enseguida escuché decirle '¡Te aceptaron!' y me impresioné mucho, fue lo máximo. Mi padre tampoco lo creía, ni siquiera mi tía que nos acompañó. Todos lloraban. Sólo 13 pudimos quedarnos".

A los siete años, Ryuken empezó a jugar futbol en la filial de Chivas Cancún. Después pasó al Pachuca y luego al Atlante. Practicó durante algún tiempo basquetbol y balonmano, y se hizo fanático de los libros de ciencia ficción. "Sobre todo del estilo de Avatar y Harry Potter. Hace poco encontré Senda de Campeones (de Martí Perarnau) en Internet, seguro lo iré a comprar en estos días", comenta.

Meses después de desempacar en España, formó parte de tres diferentes categorías del P.B. Collblanc-Sants (Infantil B, Alevín B y Alevín A) y de la Selección Sub 12 de la Federación Catalana de Futbol. Pronto aprendió que los segundos antes de dar un pase son vitales para que el balón llegue hasta su destino; que jugar en equipo, más que individualmente, distingue del resto a los futbolistas del Barça y, por encima de todo, que ser futbolista es sólo un disfraz que debe desempeñar cada fin de semana sobre el pasto. "Todo es creatividad y un buen juego. Me han enseñado a tratar bien el balón y ser solidario con el esfuerzo del compañero que se desmarca. Es una competencia de mucha garra y fuerza física, pero tengo la sangre caliente como cualquier mexicano y lo trato de demostrar cuando estoy en la cancha."

El quintanarroense de ojos razgados y corta estatura sigue los partidos de la Selección Mexicana por televisión. Nació en México y quiere jugar como mexicano, pese a tener la opción de hacerlo con el país de sus abuelos. Aunque toma a todos como ejemplo, su referente a seguir es Giovani dos Santos: "por mi estilo de juego es quien más me gusta. Al igual que él, frente a mis rivales trato de basarme en mi velocidad y regate, remato bien de cabeza y me gusta enviarle servicios a los delanteros", comenta.

Precisamente Zizinho, padre de Gío y Jonathan dos Santos, es una de las personas que se ha mantenido pendiente de su progreso en la cantera blaugrana. "Me pregunta cómo voy y también me da seguimiento. Platica con mi padre y ambos se cuentan cosas cuando se encuentran". Algunos contratiempos, sin embargo, en gran parte relacionados con la falta de empleo y estabilidad económica de España, se han cruzado en su aventura. Ryuken trata de no distraerse y hacer lo suyo durante los entrenamientos, pero reconoce que es difícil subsistir frente a una situación que se vive al límite. "La crisis está afectando a todos los ciudadanos y mi padre trata de buscar trabajo, pero hay seis millones de trabajadores sin empleo en España. Mi mamá nos manda dinero desde Cancún y algunos amigos de mi padre nos brindan ayuda económicamente", cuenta. "Antes vivíamos en una habitación del departamento de otra familia. Una vez que tocaba comer, entramos, mi padre cocinó y ya cuando estaba todo listo volteamos a vernos y nos preguntamos unos a otros: ¿y la mesa?, ¿y los tenedores y cuchillos? No había nada. Mi hermana tuvo que sacar de un cuarto una caja de cartón, la pusimos en el piso y sirvió como apoyo de los platos."

Desde hace dos temporadas juega para el CF Damm, uno de los prestigiosos clubes de formación futbolística en Barcelona. Comprende la poca distancia del proceso que lleva, pero se siente arropado por hombres como Albert Benaiges, Carlos Bueno, Ramón Estévez y Enrique Uriach, que incitan en él la ilusión de llegar al primer equipo del Barça. "Primero quiero hacer mi debut como profesional y después, claro, jugar en el mejor equipo del mundo que es el Barcelona."

Echa de menos Cancún y aquellos lugares cercanos a la playa donde alguna vez organizó partidos con sus amigos. "Sus lugares son magníficos", afirma, aunque desde hace un par de años no ha podido volver para estar con su madre. Cuando puede, a la hora de comer, Ryuken elige los frijoles por encima de las paellas; los tacos de cochinita en lugar de la crema catalana y los tamales antes que las tapas españolas: "me encanta la comida de México. Mi papá trata de cocinarlo todo, sobre todo las quesadillas y la arrachera".

Por más extraño que parezca no habla japonés, ni chino, sólo español y catalán. Estudia inglés y procura subir videos a YouTube para que otros conozcan parte de lo que hace. Para el futuro, lo único que tiene en mente es seguir trascendiendo como orquestador del juego. Aun entre ciertas necesidades económicas, la sonrisa cómplice de técnicos que han guiado los pasos de futbolistas como Andrés Iniesta, Lionel Messi
y Xavi Hernández, es parte de su más cercana recompensa. "En México hay muchos niños buenos para este deporte, pero deben buscar ir hacia delante e intentarlo", al menos así lo entiende.

 


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