Con los compañeros de la prepa
En 1965, 52 compañeros, de diversas regiones de Sonora, y también de Sinaloa, terminamos la preparatoria, la última generación de dos años, en el Colegio Regis, de Hermosillo, Sonora, de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, una congregación de origen francés, que en 1680 funda san Juan Bautista de La Salle.
Desde muy jóvenes, en accidentes de aviación y automóvil, y también por enfermedad, particularmente cáncer, empezaron a morir compañeros. Ahora vivimos la mitad del grupo. Hace 61 años que terminamos la preparatoria. Después de la reunión de los 50 años, en 2015, decidimos reunirnos de manera periódica.
El último encuentro tuvo lugar del 15 al 17 de mayo, en Banámichi, Sonora, Enrique Molina, que vive ahí, se encargó de organizar el encuentro, en el pueblo todavía se mantiene en pie la casa de sus bisabuelos, de sus abuelos y de sus papás.
En esta ocasión nos reunimos 10 de nosotros, siete que viven en Hermosillo, dos en Ciudad Obregón, y yo en la Ciudad de México. En los tres días visitamos pueblos en la Ruta del Río Sonora -Ures, Húepac, Banámichi y Arizpe- todos fundaciones del siglo XVII de los misioneros de la Compañía de Jesús, hombres extraordinarios. Algunas de las iglesias conservan su estructura original.
Comimos platos espectaculares de la cocina tradicional de Sonora: Carne asada, carne de machaca, menudo, pozole de trigo, gallina pinta, caldo de queso y frijoles, acompañados siempre con tortillas de harina y salsa de chiltepines. Y una variedad de postres como dulce de calabaza, jamoncillo, suspiros de bellota, empanadas de guayaba y membrillo, pasteles, quesos frescos y cuajada. Y también un buenísimo bacanora artesanal.
A todos nos impresiona cómo después de 61 años siga nuestra relación, que se ha profundizado en los últimos años. Todos la celebramos y apreciamos. En nuestros encuentros en una de las noches platicamos de nosotros y nuestra vida. En esta ocasión el tema fue cómo enfrentamos la recta final de nuestra existencia. Todos tenemos entre 77 y 78 años de edad. Como en las otras ocasiones la reflexión fue abierta, honesta y profunda.
Nuestros encuentros fraternos y cercanos, son una celebración de la amistad, que en estos tiempos de incertidumbre y de cambios constantes, muchos inesperados, son una guía en el camino y un apoyo fundamental, y también un referente, que permite el cuestionamiento, el intercambio y el poner sobre la mesa dudas y preguntas.
En esta ocasión, que pudimos estar tres días conviviendo con una familia, la de Enrique Molina, en uno de los pueblos del río Sonora, a todos nos impresionó, fue tema de conversación, y lo sigue siendo, la manera en que se vive en esa región de Sonora, donde todos se conocen y saben quienes son. Donde tienen muy claro que quieren y necesitan, y donde todos se apoyan. La familia nuclear y extensa se vive con mucha intensidad. Es sorprendente y envidiable. En octubre nos vamos a volver a reunir.
Rubén Aguilar Valenzuela
@RubenAguilar
A todos nos impresiona cómo después de 61 años siga nuestra relación, que se ha profundizado en los últimos años. Todos la celebramos y apreciamos.{}