¿Quiénes se oponen a que el trabajador tenga un mejor salario?
Ricardo Alberto Calleja
Ha pasado un año desde que se inició la renegociación del acuerdo comercial que mantiene unidos a Canadá, Estados Unidos y Canadá: el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). En total se realizaron siete reuniones, pero una de las rondas que más llamó mi atención ha sido la segunda y es sobre la cual voy a desarrollar mi opinión.
En mi sentido crítico, me pareció alarmante la postura de los negociadores mexicanos, quienes pugnan para que México siga siendo el país con el salario mínimo más bajo en los países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico OCDE, pero, es comprensible la postura de "nuestros mediadores", tal parece (y no creo que haya otra pretensión) que quieren que sigamos siendo un país de mano de obra barata para que sea un atractivo para la "inversión extranjera" a quiénes ellos llaman "un éxito del gobierno y que significa que México va encaminado a ser una potencia económica", pero lo que en realidad significa es que las empresas de electrónica, ropa, maquiladoras e industria automotriz, entre otras., aprovechan la mina de fuerza de trabajo que hay en México y que deben de sacar la mejor partida para incrementar sus ganancias.
Datos de la Oxfam, muestran que un mexicano trabaja en promedio anual, 2,226 horas y obtiene un ingreso familiar de ¡60,850 pesos por año! Apenas 5,070 pesos mensuales, pero esto tiene que alcanzar para pagar, la alimentación, educación, salud, vivienda, calzado, mientras en los países de la OCDE los trabajadores laboran 1,765 horas con un promedio de remuneración de 23,938 dólares al año por familia.
En el marco de estas rondas de renegociación, el sindicato más grande de Canadá Unifor, a través de su líder Jerry Días, se lanzó contra el gobierno mexicano por no subir los salarios y en consecuencia de mantener a sus habitantes en la "pobreza de manera deliberada". Creo necesario citar las palabras que salieron de la boca del líder sindical canadiense: "Si un trabajador de la industria automotriz de Canadá y Estados Unidos puede ganar 35 dólares por hora, ¿por qué el mexicano no puede ganar 525 pesos la hora?, ellos (obreros mexicanos) merecen el mismo respeto que tenemos en Canadá y Estados Unidos", esta declaración despertó al millonario empresario y además, presidente del Consejo Nacional Agropecuario, Bosco de la Vega, pues dijo que "los vecinos del norte dejen de meterse en esos temas y que dejen los salarios a lo que dicen las leyes porque son asuntos de índole nacional".
¿Quién es Bosco de la Vega? Él mismo se dice parte de una "familia con amplio historial en el mundo agroempresarial", y es cierto, solo que le falta decir que forma parte también de los millonarios que pagan salarios de hambre, por eso su réplica ante las declaraciones de Jerry Días. Su abuelo, Rodolfo Valladolid Tinajero, dedicado a la exportación de hortalizas, tomates y papas en San Quintín B.C, en donde gracias a la paga de 150 pesos al día mantienen a los campesinos en una explotación generalizada, a ello se le suman las enfermedades causadas por los químicos, de ahí la causa de la huelga de los campesinos de San Quintín en 2015. Para su padre, es la misma historia, pero en Sinaloa.
Otra "distinguida" persona del sindicalismo en México, Carlos Aceves del Olmo, Secretario del Comité Ejecutivo Nacional la CTM, dijo que: "Esos salarios bien remunerados eran un sueño guajiro para los mexicanos". La declaración de "Don Carlos" no es nada sorprendente, pues los sindicatos mexicanos nunca han funcionado para la defensa de sus agremiados ni para buscar mejores condiciones laborales, pues el sindicalismo ha sido desviado de su objetivo principal, ahora, solo funciona como mecanismo para someter a los trabajadores.
Por una parte, vemos cómo la clase dominante de México se niega a dar buenos salarios a los trabajadores, y por otra, el actual gobierno a través del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) presume la creación de casi tres millones de empleos, pero lo que no se dice es que esos empleos son los peores y, además, temporales.
Resulta necesario aplicar una política fiscal equitativa, lo que significa que paguen más los que ganen más y reducir los impuestos a los que perciben un salario muy bajo y dirigir el gasto social hacia los pueblos, para llevarles los servicios básicos que carecen en pleno siglo XXI.
