Tepismoto en Acapulco
Por Misael Habana de los Santos
Acapulco es para todos, incluso para los acapulqueños que estamos sometido a una especie de régimen de apartheid, de segregación racial y económica, por hoteleros, condóminos en playas de este puerto con la complicidad de las autoridades de los tres ordenes de gobierno.
Digo que es para todos porque el mundo se ha apropiado de nuestro puerto y debería ser declarado patrimonio histórico de México y la humanidad.
No se diga por nuestros vecinos, los chilangos, michoacanos, oaxaqueños, poblanos, mexiquenses y morelenses, que han hecho de este balneario natural su segunda casa con todo los pros y contras que trae este turismo no blanco y sin dólares, como lo consideran los racistas e hipócritas de aca que siguen soñando con el jet set, los lugares exclusivos, sexo, droga a discreción, solo para ellos, y todas esas mariguanadas en un estado lleno de pobres.
Esta reflexión me provoca la campaña racista contra los motociclistas que se reúnen este fin de semana en Acapulco que ya se ha hecho una ruidosa y exhibicionista costumbre anual por la solitaria Costera en el mes de Mayo.
No es de mi agrado exponerme a que me atropellen en su loca carrera. No me desagrada que tomen alcohol en exceso o se metan cualquier substancia en su cuerpo para estar contento. No me molesta que muestren sus caballos motorizados sobre el que ponen su pesada humanidad , ni que presuman a sus "hembras" de culos y piernas con celulitis. Lo que no me gusta es que las autoridades no pongan controles de seguridad para ellos y los transeúntes.
Ahí es donde empieza el problema que alienta a estas campañas xenófobas que solo muestran algo que convive entre nosotros cotidianamente: un vulgar racismo vernáculo como el de los ricos y clase media venezolana.
Lo que no le gusta también a los empresarios es que en plena Costera, los pobres vendan garnachas y picaditas para este turismo motorizado que duerme en las cajas de sus camionetas.
Lo que no le gusta a los turisteros es que gente "gorda y fea", así lo he escuchado, pase por sus espacios ganados para la segregación racial.
Lo que no le gusta a los acapulqueños bien es que estos chicos bandas, prototipo del que egresa de la Secun 23( Café Tacuba dixit) vengan a esparcir sus pesos, muchos de ellos comerciantes de la informalidad en Tepito, Netza, y dar un poco de oxígeno a la otra economía acapulqueña, que nada tiene que ver con la hegemónica, la de los grandes negocios, hoteles y restaurantes, tan lejanos y prohibitivos para cualquier Acapulqueño como para cualquier ciudadano medio de este país.
Lo que les molesta es compartir el bocado con los que siempre miran hambrientos las viandas que se llama industria turística y que siempre ha estado en su mesa y para unos pocos.
Insisto, Acapulco es de todos y hay que cuidarlo. Bienvenidos motociclistas, diviértanse con precaución. También pongan la basura en su lugar porque no nos gusta que ensucien, a pesar de todo, nuestra bella ciudad.
Acapulco es para todos, incluso para los acapulqueños que estamos sometido a una especie de régimen de apartheid, de segregación racial y económica, por hoteleros, condóminos en playas de este puerto con la complicidad de las autoridades de los tres ordenes de gobierno.
Digo que es para todos porque el mundo se ha apropiado de nuestro puerto y debería ser declarado patrimonio histórico de México y la humanidad.
No se diga por nuestros vecinos, los chilangos, michoacanos, oaxaqueños, poblanos, mexiquenses y morelenses, que han hecho de este balneario natural su segunda casa con todo los pros y contras que trae este turismo no blanco y sin dólares, como lo consideran los racistas e hipócritas de aca que siguen soñando con el jet set, los lugares exclusivos, sexo, droga a discreción, solo para ellos, y todas esas mariguanadas en un estado lleno de pobres.
Esta reflexión me provoca la campaña racista contra los motociclistas que se reúnen este fin de semana en Acapulco que ya se ha hecho una ruidosa y exhibicionista costumbre anual por la solitaria Costera en el mes de Mayo.
No es de mi agrado exponerme a que me atropellen en su loca carrera. No me desagrada que tomen alcohol en exceso o se metan cualquier substancia en su cuerpo para estar contento. No me molesta que muestren sus caballos motorizados sobre el que ponen su pesada humanidad , ni que presuman a sus "hembras" de culos y piernas con celulitis. Lo que no me gusta es que las autoridades no pongan controles de seguridad para ellos y los transeúntes.
Ahí es donde empieza el problema que alienta a estas campañas xenófobas que solo muestran algo que convive entre nosotros cotidianamente: un vulgar racismo vernáculo como el de los ricos y clase media venezolana.
Lo que no le gusta también a los empresarios es que en plena Costera, los pobres vendan garnachas y picaditas para este turismo motorizado que duerme en las cajas de sus camionetas.
Lo que no le gusta a los turisteros es que gente "gorda y fea", así lo he escuchado, pase por sus espacios ganados para la segregación racial.
Lo que no le gusta a los acapulqueños bien es que estos chicos bandas, prototipo del que egresa de la Secun 23( Café Tacuba dixit) vengan a esparcir sus pesos, muchos de ellos comerciantes de la informalidad en Tepito, Netza, y dar un poco de oxígeno a la otra economía acapulqueña, que nada tiene que ver con la hegemónica, la de los grandes negocios, hoteles y restaurantes, tan lejanos y prohibitivos para cualquier Acapulqueño como para cualquier ciudadano medio de este país.
Lo que les molesta es compartir el bocado con los que siempre miran hambrientos las viandas que se llama industria turística y que siempre ha estado en su mesa y para unos pocos.
Insisto, Acapulco es de todos y hay que cuidarlo. Bienvenidos motociclistas, diviértanse con precaución. También pongan la basura en su lugar porque no nos gusta que ensucien, a pesar de todo, nuestra bella ciudad.